• Prostatitis

    Inflamación de próstata (Prostatitis)

     

    La próstata puede sufrir procesos inflamatorios o congestivos diferentes al crecimiento benigno (hiperplasia benigna de la próstata) o a la transformación maligna de la glándula (cáncer de próstata). La prostatitis se presenta generalmente en hombres jóvenes y su sintomatología puede ser muy variada, desde alteraciones de la micción (polaquiuria o micción frecuente, pérdida de fuerza del chorro, escozor, etc.) a molestias durante la eyaculación o dolores referidos en el periné, en el pene, en los testículos o en la región inferior al abdomen (hipogastrio). Cuando la prostatitis es crónica puede constituir un problema que afecte a la salud psíquica de quien la sufre, alterando en diferentes grados su calidad de vida.

    Las prostatitis se clasifican de la siguiente manera:

    I. Prostatitis aguda Generalmente cursa con fiebre y es debida a la presencia de bacterias

    II. Prostatitis crónica bacteriana Cursa con síntomas muy variados, de larga evolución y se hallan bacterias en el estudio de la orina y de la secreción prostática

    III. Prostatitis crónica no bacteriana No se hallan gérmenes en la orina ni en la secreción prostática

    III.a se acompaña de síndrome doloroso inflamatorio pélvico crónico. Se hallan células inflamatorias (leucocitos) en la orina o secreción prostática

    III.b se acompaña de síndrome doloroso no inflamatorio pélvico crónico. No se hallan células inflamatorias

    IV Prostatitis asintomática No se hallan bacterias ni células inflamatorias en orina o secreción prostática. Tampoco presentan ninguna sintomatología, constituyendo un hallazgo casual en el estudio del tejido prostático obtenido generalmente para descartar la presencia de patología maligna de la próstata

    La prostatitis aguda bacteriana se trata fácilmente con antibióticos y antiinflamatorios, resolviéndose de forma satisfactoria en la mayoría de casos. No sucede lo mismo cuando es bacteriana crónica, ya que pueden hallarse resistencia a los tratamientos o pueden reaparecer en periodos cortos de tiempo. En estos casos el tratamiento debe ser largo. La peor pesadilla para el que la padece y para el facultativo que tiene que tratarla es la prostatitis no bacteriana. En este caso se han ensayado una gran cantidad de fármacos (relajantes musculares, antidepresivos, analgésicos, etc.) y otros tratamientos (terapia neuromuscular, termoterapia, TUNA, etc.) con resultados a veces muy desalentadores. En ocasiones pueden realizarse tratamientos con antiinflamatorios y con los mismos fármacos que se utilizan para tratar los síntomas del crecimiento benigno de la próstata.

    Ante estas patologías prostáticas es aconsejable evitar la retención urinaria (micción regular), no permanecer sentado durante mucho tiempo, fundamentalmente si se está conduciendo, evitar alcohol y comidas grasas o picantes y eyacular de forma regular para vaciar las secreciones de la glándula prostática.

    Así pues, ante una prostatitis debe realizarse una adecuada historia clínica y la exploración de la próstata mediante el tacto rectal. El sedimento y cultivo de la orina antes y después de realizar la expresión digital de la glándula a través del recto, así como de la secreción prostática permitirá detectar la presencia de gérmenes y células inflamatorias. También puede realizarse un cultivo de semen, ya que parte de él esta constituido por la secreción de la próstata. También estará indicada la práctica de una ecografía de la próstata, preferentemente transrectal, para poder detectar anomalías de la misma.