Otros tratamientos que se realizan en iandroms

Otras alteraciones de la erección

Priapismo

Se trata de una erección persistente que continúa durante horas y que no esta relacionada con el estímulo sexual. Si la erección se prolonga a más de 4 horas constituye una urgencia médica, dado que puede abocar a lesiones importantes del pene y disfunción eréctil.

Se distinguen 2 tipos de priapismo:

1. Priapismo isquémico (de bajo flujo, venooclusivo)
La sangre del pene no puede drenar de forma correcta, produciéndose la coagulación de la misma. El análisis de esta sangre demuestra unos niveles bajos de oxígeno, un aumento de dióxido de carbono y acidosis. Entre las causas más importantes, cabe destacar el tratamiento con determinados fármacos (antihipertensivos, anticoagulantes, hormonas, etc.), drogas recreativas (cocaína, marihuana), enfermedades infecciosas (malaria, rabia, parotiditis, etc.), enfermedades hematológicas (hemoglobinopatías), enfermedades inmunológicas (lupus), enfermedades metabólicas (gota, diabetes, síndrome nefrítico, etc.), enfermedades neurológicas (lesiones de la médula espinal), enfermedades neoplásicas (leucemia, mieloma múltiple).

El tratamiento debe contemplar el manejo de las enfermedades o factores desencadenantes. Puede realizarse la aspiración de sangre del pene y la inyección en el mismo de determinados fármacos (simpaticomiméticos). De no conseguirse la detumescencia del pene, puede estar indicada una intervención quirúrgica para favorecer el drenaje de sangre desde los cuerpos cavernosos al cuerpo espongioso que rodea a la uretra.

2. Priapismo no isquémico (de alto flujo)
Se produce priapismo no isquémico, cuando el flujo sanguíneo del pene no está correctamente regulado. El priapismo no isquémico suele ser menos doloroso que el priapismo isquémico. Los signos y síntomas incluyen los siguientes:

  • Erección que dura más de cuatro horas o que no está relacionada con el interés o la estimulación sexual
  • Cuerpo del pene erecto pero no completamente rígido

 

Otras alteraciones de la eyaculación y el orgasmo

Eyaculación retrasada

En ocasiones pueden existir dificultades para eyacular a pesar de mantener una buena erección del pene. Esto puede ser debido a problemas psicológicos o a la toma de determinados fármacos como son los antidepresivos.

 

Eyaculación dolorosa

El dolor que acompaña a la eyaculación puede ser debido a problemas congestivos o inflamatorios de la próstata o de la uretra, aunque generalmente es muy difícil de demostrar y en la mayoría de casos no se halla ninguna alteración.

 

Ausencia de eyaculación (aneyaculación)

De manera muy infrecuente puede existir orgasmo sin que el individuo expulse semen por la uretra. Esto puede suceder por problemas puramente psicógenos en hombres jóvenes, ligado al temor de originar un embarazo u otras causas. En otras ocasiones este problema se debe a trastornos de los mecanismos de la eyaculación, generalmente relacionados con los nervios, con lesiones del cuello de la vejiga o con la toma de determinados fármacos. Esto suele suceder después de determinadas cirugías de la próstata o en cirugías realizadas en la infancia sobre el cuello de la vejiga por malformaciones en esta región.

Durante la eyaculación normal, el semen pasa a la uretra mientras se cierra el cuello de la vejiga (esfínter interno) y el esfínter de la orina (esfínter externo). Posteriormente, se abre este último y el semen es expulsado por el meato de la uretra. Si fallan estos mecanismos el semen pasa hacia la vejiga (eyaculación retrógrada) y sale posteriormente con la orina.

 

Alteraciones del orgasmo

Se define como la dificultad persistente o permanente para obtener el orgasmo, así como su ausencia o retraso después de una suficiente estimulación y excitación sexual, dando lugar a distrés personal(angustia, frustración, ansiedad) .

Afectan aproximadamente al 24% de mujeres en edad fértil y al 40% en la postmenopausia.

El orgasmo es un reflejo sensorial y motor que puede ser desencadenado por estímulos tanto físicos como mentales. Depende de la integridad de los nervios, de los músculos pelvianos y de la adecuada llegada de sangre a los genitales.

El diagnóstico se basa en una detallada historia clínica y exploración física.

De acuerdo a los datos obtenidos, puede estar indicada una valoración hormonal y psicológica, así como el estudio de la musculatura pelviana y de la posible involución de la vulva, clítoris y vagina.

El tratamiento debe enfocarse a resolver las patologías detectadas (hormonas, ejercicios del suelo pélvico, etc.) y todos los trastornos presentes de la función sexual.

 

Preguntas frecuentes

 

¿Es seguro el coito interrumpido (coitus interruptus)?

El coito interrumpido puede tener fallos, dado que la mayoría de espermatozoides salen con las primeras gotas de semen. Si no se retira el pene a tiempo del interior de la vagina o incluso si la primera parte del eyaculado queda en los genitales externos de la mujer, es posible que se pueda producir el embarazo no deseado. Además, esta práctica sexual realizada durante periodos largos de tiempo puede condicionar la denominada congestión pélvica y problemas de inflamación de la próstata.

 

Me cuesta conseguir la eyaculación. ¿Cuáles pueden ser las causas?

A la dificultad para conseguir la eyaculación se la denomina “eyaculación retrasada o inhibida”. Afecta aproximadamente a 1.5 de cada 1000 hombres y puede presentarse desde el inicio de la actividad sexual o en cualquier momento después de haber tenido una vida sexual normal. Es más frecuente que se inicie en la edad avanzada. Afecta entre el 3 y el 4% de los hombres mayores de 65 años.

En muchas ocasiones el problema es fundamentalmente psicológico, sobretodo en hombres jóvenes y ello lo demuestra el hecho de que el 70% son capaces de eyacular con la masturbación y con diferentes tipos de estimulación sexual.

Entre posibles causas cabe mencionar el temor o rechazo al embarazo, determinadas ideas religiosas o problemas en la relación de pareja. Existen otras causas responsables de la eyaculación inhibida como son las alteraciones de la vía seminal (conductos eyaculadores), del cuello de la vejiga urinaria o de la uretra, como consecuencia generalmente de cirugías o inflamaciones de estas estructuras anatómicas, así como de alteraciones (lesiones) de los nervios que intervienen en la eyaculación. Determinados fármacos como los antidepresivos o algunos que se indican para descender la presión arterial, el alcohol y ciertas alteraciones hormonales (hipogonadismo, hipotiroidismo) también pueden ser la causa de este problema.

Ante una eyaculación inhibida, debe consultarse al andrólogo. Este realizará una historia clínica detallada, una exploración física y solicitará un análisis de sangre o una ecografía si lo considera oportuno con el fin de detectar las posibles causas. Si el problema se halla a nivel psicológico, el psicólogo deberá identificar problemas y ofrecer una psicoterapia individual o una terapia de pareja.

Dependiendo del origen del problema, existen diferentes tratamientos médicos para conseguir adelantar la eyaculación.

 

Alteraciones del deseo sexual

Conocido también como deseo sexual hipoactivo es el que se presenta con mayor frecuencia y se define como la deficiencia o ausencia persistente o recurrente de pensamientos o fantasías sexuales y/o deseo o receptividad para la actividad sexual, siendo la causa de distrés personal (angustia, frustración, ansiedad). La forma más severa viene dada por la aversión fóbica persistente o recurrente al contacto sexual.

Es la disfunción sexual mas frecuente en la mujer, llegando a una incidencia del 33% entre los 18 y 59 años y hasta el 45% en la menopausia.

El deseo sexual tiene su raíz en el rinencéfalo y en la región límbica del cerebro, altamente dependientes de las hormonas (andrógenos, estrógenos) y modulado por diferentes estados mentales como el estado de ánimo y la depresión. Factores motivacionales, afectivos y cognitivos son fundamentales para una adecuada dirección del deseo sexual.

Las alteraciones del deseo sexual tienen diferentes orígenes, tanto biológicos como afectivo-motivacionales (relación de pareja) y cognitivos.

A continuación se refieren las causas biológicas más frecuentes

Endocrinas

  • Hipoestrogenismo
  • Hipoandrogenismo
  • Hiperprolactinemia
  • Hipotiroidismo


Trastornos afectivos

  • Depresión
  • Ansiedad y / o fobia


Trastornos neurovegetativos

  • Hot flashes
  • Insomnio


Fármacos y tóxicos

  • Alcohol y drogas
  • Antidepresivos
  • Antiandrógenos
  • Levosulpiride

El diagnóstico se basa en una detallada historia clínica y exploración física.

De acuerdo a los datos obtenidos, puede realizarse una evaluación hormonal (Testosterona total y libre, DHEAS, estradiol, SHBG, FSH, TSH) y psicológica.

Debido a la gran cantidad de factores que participan en el deseo sexual, el tratamiento presenta bastantes dificultades. Cuando existen alteraciones hormonales, puede indicarse un tratamiento sustitutivo con testosterona o estrógenos, o bien con hipoprolectamiantes y tiroxina en casos de hiperprolactinemia e hipotiroidismo. Si existen factores tóxicos o fármacos, estos deberán ser suprimidos o, de ser posible, sustituidos.

La psicoterapia y la educación sexual serán aconsejables en la mayoría de casos.

Si los trastornos del deseo sexual son la consecuencia de otros trastornos sexuales (excitabilidad, orgasmo, dolor coital), estos deberán ser oportunamente valorados y tratados.

Preguntas frecuentes

He perdido deseo sexual (varón). ¿Porqué?, ¿Cuál puede ser la causa?

El deseo o interés sexual se podría definir como la capacidad para tener pensamientos y fantasías, así como para querer e iniciar la actividad sexual. Depende de factores biológicos, motivacionales y culturales. Entre los primeros se hallan una gran cantidad de neurotransmisores a nivel cerebral con efecto positivo (dopamina, oxitocina) o negativo (serotonina), así como hormonas facilitadoras (testosterona, feromonas) o represoras (estrógenos, progesterona, prolactina, cortisol) del deseo y del estímulo sexual.

Entre los factores motivacionales, se hallan una gran cantidad de aspectos tanto psicológicos como relacionados con la pareja (atractivo físico e intelectual, estimulación erótica, fantasía, amor, seducción). La cultura también tiene un papel importante en las vías favorecedoras del deseo sexual.

Todos estos factores influyen sobre los centros hipotalámico y límbico del cerebro que son los que regulan la respuesta sexual. Las alteraciones del deseo sexual se denomina científicamente “deseo sexual hipoactivo” (DSH) que se define como el descenso o ausencia, de forma persistente o recurrente, de fantasías sexuales o deseo de actividad sexual, dando lugar a ansiedad o conflicto interpersonal (ansiedad).

El deseo sexual hipoactivo puede presentarse como un único síntoma o bien asociado a otros trastornos de la esfera sexual como son la erección y la eyaculación. Es fácil de entender que cuando falla la erección o la eyaculación es demasiado rápida (eyaculación precoz o prematura) o lenta (eyaculación retrasada), se puede perder el deseo sexual como mecanismo de defensa del organismo. De la misma manera, cuando no existe deseo sexual, se puede acabar afectando la erección o la eyaculación.

El deseo sexual puede ir disminuyendo e incluso puede perderse con la edad, ya sea porque descienden los niveles de testosterona (hormona masculina), por posibles enfermedades y sus tratamientos, por problemas psicológicos o bien por la pérdida de interés sexual hacia la pareja.

Aparte del descenso de la testosterona, el aumento de la prolactina (hiperprolactinemia) o las alteraciones del tiroides (hipotiroidismo, hipertiroidismo) pueden ser causas hormonales del deseo sexual hipoactivo. En la siguiente tabla se muestran las diferentes causas de este problema.

Causas de deseo sexual hipoactivo

ORGÁNICAS

  • Edad avanzada
  • Endocrinológicas

Déficit de testosterona

Hiperprolactinemia

Hipotiroidismo

Hipertiroidismo

  • Accidente vascular cerebral
  • Enfermedad coronaria
  • Epilepsia
  • Síndrome de estrés post-traumático
  • Fallo renal • HIV (SIDA)
  • Culturismo
  • Desórdenes alimenticios

PSÍQUICAS

  • Ira y ansiedad
  • Depresión
  • Tratamiento antidepresivo
  • Conflicto de pareja

Como cualquier otro problema de salud, la ausencia o disminución del deseo sexual debe ser consultado sin temor al andrólogo que realizará una historia clínica detallada, una exploración física y análisis de sangre para intentar detectar las causas de esta disfunción. Dependiendo de cuales sean, podrán indicarse tratamientos médicos, psicológicos o una terapia de pareja.

Si se detecta un déficit de testosterona, esto puede ser muy importante dado que la testosterona en el hombre es fundamental para una gran cantidad de funciones. En la actualidad existen muy buenos tratamientos y de fácil aplicación para sustituir la testosterona.

Cuando existe un deseo sexual hipoactivo es de gran utilidad intentar regularizar la actividad sexual, con la frecuencia que cada pareja determine.

Disfunción sexual femenina

A pesar de que aproximadamente un 40% de mujeres presentan uno o varios trastornos de la función sexual, no ha sido hasta recientemente que se ha empezado a estudiar el problema con mayor rigor científico. Más avanzado esta el conocimiento de la sexualidad masculina, debido probablemente a que es más fácil de estudiar y que su desarrollo se ha visto favorecido por la disponibilidad de tratamientos efectivos.

La dificultad que comporta el estudio de la sexualidad humana se basa en la gran cantidad de factores que actúan a diferentes niveles del cuerpo humano.

Uno de los más fundamentales y complejos es el control cerebral de la función sexual para el que todavía faltan metodologías aplicables a la práctica clínica que tengan el adecuado rigor científico.

Otros aspectos que pueden haber retrasado el estudio de la función sexual femenina son quizás el bajo porcentaje de mujeres con esta problemática que consultan al médico, la pasividad del médico para detectar estos problemas, así como la falta de estudios diagnósticos adecuados y tratamientos reconocidos por las autoridades sanitarias. De la misma manera como sucedió en el hombre, la mujer va a ir progresivamente consultando por su disfunción con el fin de mejorar su función sexual, la relación de pareja y, en definitiva, la calidad de vida.

Las alteraciones de la función sexual femenina están ligadas a factores como la edad, la educación, la salud física y emocional, así como con malas experiencias sexuales y disfunciones de la pareja.

Los trastornos de la función sexual pueden presentarse de forma aislada, a pesar de que lo más frecuente es que coexistan con otros. Los más habituales son los siguientes:

  • Falta de deseo o inapetencia.
  • Falta de excitacion o frigidez.
  • Falta de orgasmo o anorgasmia.
  • Dolor durante el acto sexual.

 

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Causas de la disfunción sexual femenina

Hay una gran cantidad de factores psicógenos y sociales que pueden alterar la respuesta sexual, así como muchas enfermedades, cirugías o traumatismos que afectan a los genitales o bien a su vascularización (vasos sanguíneos) o inervación (nervios).

La deficiencia de estrógenos en la menopausia puede ser la causa de alteraciones de la vulva y de la vagina, dando trastornos de la lubrificación, aumento del Ph vaginal y una mayor vulnerabilidad a la infección por gérmenes urogenitales. Todo ello puede condicionar sequedad vaginal, dispareunia y dolor.

El descenso de la testosterona puede ser la causa de trastornos del deseo y de la excitabilidad, así como de cambios en los genitales externos.

La hiperprolactinemia (aumento de la prolactina) y el hipotiroidismo puede inhibir la cascada de eventos que condicionan la respuesta sexual.

Los fármacos psicotrópicos como los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (se utilizan en el tratamiento de la depresión), así como los neurolépticos y los antipsicóticos también se hallan asociados a la disfunción sexual femenina.

El alcohol, el tabaco y las drogas pueden afectar de diferentes maneras la función sexual femenina.

 

Estudio de la disfunción sexual femenina

El estudio debe iniciarse con una detallada historia clínica donde se deben tener en cuenta todas las características de la alteración sexual (fecha de inicio, circunstancias acompañantes, otras alteraciones de la función sexual, etc.), enfermedades (diabetes, depresión, anemia, insuficiencia renal, enfermedades o lesiones neurológicas, alteraciones hormonales y vasculares, etc.) y tratamientos médicos (antidepresivos, etc.) o quirúrgicos (histerectomía, Laminectomía, bypass vascular, etc.) que puedan alterar la función sexual femenina, datos sobre las primeras experiencias sexuales, factores relacionados con la pareja ( tipo de relación, disfunciones sexuales, actividad sexual, etc.), factores sociales y psicológicos, así como el grado de afectación por el problema y disponibilidad frente a posibles estudios diagnósticos y tratamientos.

La exploración física puede evidenciar determinados problemas que interfieren con la función sexual como alteraciones de los genitales, infecciones, etc.

Después de la primera entrevista y de la posible detección de problemas, es aconsejable profundizar en los aspectos psicológicos, por su gran influencia en la función sexual femenina, así como la educación sexual de la paciente y su pareja.

En una gran mayoría de casos, deberá aconsejarse un estudio analítico general y hormonal (andrógenos ováricos y adrenales, estrógenos, FSH, LH, etc.), así como determinados estudios vasculares (fotopletismografía, Doppler, etc.) y neurológicos.

 

Tratamiento de la disfunción sexual femenina

Una vez detectados las posibles causas, deberán establecerse tratamientos específicos, siempre que sea posible, tales como la psicoterapia ante problemas psicológicos o tratamientos hormonales sustitutivos cuando exista un déficit hormonal.

Deberá aconsejarse el control y tratamiento correcto de las enfermedades presentes (diabetes, insuficiencia renal, etc.), así como la supresión o cambios de los fármacos que pueden afectar a la función sexual, siempre que ello sea posible. Igualmente se deberá aconsejar la supresión o disminución del consumo de tabaco, alcohol y drogas.

Ante la disminución de estrógenos y testosterona, puede estar indicado un tratamiento sustitutivo con cremas o geles.

En ocasiones, pueden utilizarse los mismos fármacos que se emplean en el trataminto de la disfunción eréctil (sildenafilo, vardenafilo y tadalafilo), con el fin de mejorar la vascularización del clítoris y de la vagina. Otros tratamientos que pueden ensayarse son la fentolamina (antagonista adrenérgico), la apomorfina (agonista dopaminérgico que actúa a nivel del cerebro) y la prostaglandina E1 aplicada tópicamente (vasodilatador).

Hay que destacar que la utilización de estos fármacos debe ser considerada todavía como experimental, sin que tengan el reconocimiento de las autoridades sanitarias. El único tratamiento aceptado por la FDA americana es el EROS. Se trata de un mecanismo que aplicado en los genitales produce un efecto espirativo por un mecanismo de vacío, lo que favorece un mayor aporte de sangre a la zona.

 

Alteraciones del deseo sexual

Conocido también como deseo sexual hipoactivo es el que se presenta con mayor frecuencia y se define como la deficiencia o ausencia persistente o recurrente de pensamientos o fantasías sexuales y/o deseo o receptividad para la actividad sexual, siendo la causa de distrés personal (angustia, frustración, ansiedad). La forma más severa viene dada por la aversión fóbica persistente o recurrente al contacto sexual.

Es la disfunción sexual mas frecuente en la mujer, llegando a una incidencia del 33% entre los 18 y 59 años y hasta el 45% en la menopausia.

El deseo sexual tiene su raíz en el rinencéfalo y en la región límbica del cerebro, altamente dependientes de las hormonas (andrógenos, estrógenos) y modulado por diferentes estados mentales como el estado de ánimo y la depresión. Factores motivacionales, afectivos y cognitivos son fundamentales para una adecuada dirección del deseo sexual.

Las alteraciones del deseo sexual tienen diferentes orígenes, tanto biológicos como afectivo-motivacionales (relación de pareja) y cognitivos.

A continuación se refieren las causas biológicas más frecuentes

Endocrinas

  • Hipoestrogenismo
  • Hipoandrogenismo
  • Hiperprolactinemia
  • Hipotiroidismo


Trastornos afectivos

  • Depresión
  • Ansiedad y / o fobia


Trastornos neurovegetativos

  • Hot flashes
  • Insomnio


Fármacos y tóxicos

  • Alcohol y drogas
  • Antidepresivos
  • Antiandrógenos
  • Levosulpiride

El diagnóstico se basa en una detallada historia clínica y exploración física.

De acuerdo a los datos obtenidos, puede realizarse una evaluación hormonal (Testosterona total y libre, DHEAS, estradiol, SHBG, FSH, TSH) y psicológica.

Debido a la gran cantidad de factores que participan en el deseo sexual, el tratamiento presenta bastantes dificultades. Cuando existen alteraciones hormonales, puede indicarse un tratamiento sustitutivo con testosterona o estrógenos, o bien con hipoprolectamiantes y tiroxina en casos de hiperprolactinemia e hipotiroidismo. Si existen factores tóxicos o fármacos, estos deberán ser suprimidos o, de ser posible, sustituidos.

La psicoterapia y la educación sexual serán aconsejables en la mayoría de casos.

Si los trastornos del deseo sexual son la consecuencia de otros trastornos sexuales (excitabilidad, orgasmo, dolor coital), estos deberán ser oportunamente valorados y tratados.

 

Alteraciones de la excitabilidad sexual

Se define como la incapacidad persistente o recurrente para llevar a cabo o mantener una excitación sexual suficiente, dando lugar a distrés personal (angustia, frustración, ansiedad). Puede ser expresada como una falta de excitación subjetiva o una falta de lubrificación vaginal u otras respuestas físicas. Se presenta aproximadamente en el 20% de las mujeres, pudiendo alcanzar el 45% después de la menopausia.

La falta de excitabilidad puede tener su origen en el cerebro, en la zona genital o en las zonas no genitales (pezones, secreción salivar, vasodilatación de la piel).

La excitabilidad a nivel mental puede ser activada biológicamente por los andrógenos y psicológicamente por factores motivacionales como la necesidad de intimidad y afectividad (amor, ternura, atención, etc.).

Con la excitabilidad sexual la mayoría de mujeres producen una secreción vaginal. Determinados neurotransmisores como el péptido vasointestinal (VIP) y el óxido nítrico (ON) favorecen la entrada de sangre en el clítoris y en el vestíbulo vulvar.

En relación con el descenso de los estrógenos en la post-menopausia se produce una disminución de la lubrificación vaginal.

El diagnóstico debe basarse en una historia clínica y exploración física detalladas. En base a los datos obtenidos, puede indicarse un estudio hormonal, fundamentalmente en aquellos casos de amenorrea secundaria, puerperio y menopausia. También deben detectarse problemas del suelo pelviano como son la hipo o hipertonía de los músculos. El pH vaginal es un buen indicador de los niveles de estrógenos. Determinadas alteraciones vasculares y sus factores de riesgo (tabaco, hipercolesterolemia, ateroesclerosis, hipertensión, diabetes) pueden afectar al aporte de sangre a los genitales. Igualmente fundamental es la valoración psicológica.

El tratamiento debe basarse en la sustitución hormonal con estrógenos y andrógenos por vía general o tópica cuando se precise. Determinados lubricantes oleosos o acuosos pueden estar indicados para favorecer la lubrificación. En aquellos casos en los que existe una disminución o un aumento del tono muscular del suelo pelviano deben aconsejarse determinados ejercicios para fortalecer la musculatura.

En ocasiones, pueden indicarse los tratamientos que se utilizan para mejorar la erección en el hombre (sildenafilo, vardenafilo, tadalafilo) por su efecto vasodilatador y favorecedor de la llegada de sangre a los genitales, así como la utilización de un mecanismo de vacío que, aplicado en el clítoris, consigue un efecto parecido.

 

Trastornos sexuales asociados a dolor

La dispareunia es el dolor genital persistente o recurrente asociado con el acto sexual.

El vaginismo es el espasmo involuntario persistente o recurrente de la musculatura del tercio externo de la vagina que interfiere con la penetración vaginal, lo que causa distrés personal (angustia, frustración, ansiedad) .

También puede presentarse dolor genital persistente o recurrente no asociado al coito.

El espasmo muscular es activado generalmente por factores psicógenos como el temor, disgusto o angustia al simple pensamiento de la penetración.

El dolor no relacionado con el coito puede ser referido al clítoris o a la zona vestibular.

La dispareunia afecta aproximadamente al 15% de las mujeres sexualmente activas y en el 305 de mujeres post-menopáusicas. El vaginismo se halla presente en el 0.5-1% de las mujeres fértiles.

La receptividad vaginal es fundamental para el coito, requiriendo de la integridad anatómica y funcional de los tejidos, los vasos, los nervios, las hormonas, etc. modulados por factores psicosexuales, mentales e interpersonales. El temor a la penetración puede causar la contracción defensiva de los músculos perivaginales, dando lugar a vaginismo. La contracción del suelo pélvico también puede ser secundario a cualquier proceso doloroso genital, pudiendo ser activado por causas no-genitales o nosexuales como la incontinencia urinaria o problemas anorectales.

Así pues, entre las causas de dispareunia, cabe citar a las siguientes:

Introitales y mediovaginales

  • Psicosexual
  • Hormonal / distrófica
  • Inflamatoria
  • Muscular
  • Traumática
  • Neurológica
  • Vascular
  • Inmunológica

Vaginal profunda

  • Endometriosis
  • Enfermedad inflamatoria pélvica
  • Varicocele pelviano
  • Radioterapia
  • Dolor referido

El diagnóstico se inicia con una detallada historia clínica y la exploración física. De acuerdo a los datos obtenidos, se indicarán otros estudios como la valoración psicológica y hormonal.

El tratamiento de la dispareunia debe ir enfocado a resolver los factores que se hayan detectado en el estudio diagnóstico, tanto psicológicos como físicos.

Ante la presencia de una infección vaginal persistente, deberá realizarse el tratamiento mas adecuado de acuerdo al microorganismo detectado.

Deberán enseñarse técnicas de relajación muscular y en ocasiones aplicar determinadas metodologías analgésicas.

El tratamiento del vaginismo se basa en aplicar metodologías que disminuyan la ansiedad y en el aprendizaje de determinadas conductas sexuales en la que deben participar ambos miembros de la pareja.

 

Preguntas frecuentes

¿Porqué todavía les cuesta tanto a las mujeres consultar los problemas de la función sexual?

Diferentes estudios apuntan que los problemas sexuales de la mujer son más frecuentes que en los hombres. A pesar de ello, son todavía muy pocas las mujeres que consultan al médico por estos problemas. Hay que reconocer que en un principio también costó mucho que los hombres se atrevieran a exponer sus disfunciones sexuales. El gran impacto científico y mediático que supuso el lanzamiento de viagra ® y posteriormente otros fármacos parecidos (levitra ® y cialis ®) favoreció que muchos hombres empezaran a acudir al médico en busca de la solución a sus problemas. En la actualidad, se realizan un gran número de consultas y los hombres afectados por estos problemas ya han ido aprendiendo a que especialista acudir. De todas maneras, hay que mencionar que todavía son muchos los hombres que, por diferentes motivos, no acuden al médico para referir los problemas de la función sexual.

¿Y qué pasa con la mujer, mucho más acostumbrada a acudir al médico, fundamentalmente para las revisiones ginecológicas? Parecería lógico que consultaran los problemas sexuales con su ginecólogo, pero esto no acaba de ser una realidad. Quizás es por vergüenza o porque creen que el ginecólogo no les prestará la suficiente atención en este aspecto. En parte, esta manera de razonar tiene sus fundamentos. Hay bastantes ginecólogos que no tienen la suficiente formación en el campo de la sexualidad, de la misma manera como acontece con los urólogos. No obstante, un determinado número de estos especialistas se han interesado y especializado en este campo. Hay que tener en cuenta que tratar problemas de la esfera sexual pasa, aparte de por tener los conocimientos precisos, por una dedicación de tiempo muy superior al que se precisa para la mayoría de consultas relacionadas con otros temas de salud.

Otro posible problema viene dado por el hecho de que en el pasado no se han invertido suficientes esfuerzos científicos para conocer mejor la función sexual femenina, considerándose que el origen se hallaba fundamentalmente a nivel psicológico, tal como también sucedió con el hombre en el pasado.

Además, el hecho de que no existan tratamientos médicos específicos para la disfunción sexual femenina favorece un menor interés médico para abordar el tema.

Fue en los foros de especialistas de la función sexual masculina donde nació la necesidad de poder ofrecer una adecuada valoración de la mujer, dado que se observó que, a pesar de haber ofrecido soluciones válidas al varón, persistían problemas en la relación sexual de pareja. Se consiguió que los hombres mejoraran sus erecciones, pero sus parejas seguían teniendo problemas de falta de deseo, excitabilidad, orgasmo o dolor durante el coito. Para afrontar estos problemas de forma científica se optó por incorporar el estudio y tratamiento de la función sexual femenina a los foros andrológicos, contando por supuesto con ginecólogos y otros expertos en el tema. Así se fueron cambiando los nombres de “Andrología” o “Impotencia” de las sociedades médicas especializadas en la función sexual masculina por el de “Medicina Sexual” con el fin de poder incluir el estudio de la mujer. Desde aquel momento, hace todavía pocos años, ha sido mucho lo que se ha investigado y publicado sobre disfunciones sexuales femeninas en revistas especializadas como el “Journal of Sexual Medicine”.

Independientemente de que existan o no tratamientos médicos, la mujer con problemas de función sexual tiene la necesidad y el derecho de ser estudiada para detectar problemas físicos, psicológicos o ligados a determinados tratamientos. Una buena historia clínica y exploración permitirán definir bien el problema, detectar sus causas y aplicar el tratamiento que sea conveniente, ya sea psicoterapia, terapia de pareja o tratamientos hormonales o de otro tipo.

En muy poco tiempo se ha avanzado mucho y se seguirá avanzando hasta poder disponer de tratamientos tan eficaces como los que se han conseguido para los varones.

Las mujeres deben perder el temor a consultar el problema, ya sea con su ginecólogo, médico de atención primaria o especialistas en medicina sexual. No tiene ningún sentido aceptar una disfunción sexual con todo lo que comporta a nivel de pareja y de la autoestima. Con ello contribuirán al avance de este campo.

Contracepción masculina. Vasectomía

La vasectomía sigue siendo en la actualidad el mejor sistema anticonceptivo masculino cuando se tiene el convencimiento de no desear mas hijos. Consiste en seccionar los conductos deferentes que constituyen parte de la vía por la que pasan los espermatozoides en su camino desde el testículo hasta la uretra.

Esta cirugía se hace de forma ambulatoria, bajo anestesia local y a través de una única incisión o apertura en la piel de los testículos (escroto) de menos de 1cm. Una vez realizada la vasectomía, los testículos siguen produciendo espermatozoides, por lo que es posible recuperar la fertilidad en caso de desearlo, mediante una cirugía denominada vasovasostomía y que consiste en volver a unir los conductos deferentes.

Lo único que se percibe después de la vasectomía es que el líquido seminal no es tan espeso, dado que ello depende de la presencia de espermatozoides.

 

¿Cuándo plantearse la vasectomía?

Cuando se tiene el convencimiento de no desear mas hijos

 

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Técnica de Vasectomía

Bajo anestesia local y de forma ambulatoria, se realiza una única pequeña apertura realizada sin bisturí a nivel de la bolsa del testículo (escroto). Se exteriorizan ambos conductos deferentes y son seccionados. La luz del extremo que va hacia la uretra se obstruye mediante coagulación. Generalmente el extremo del deferente del lado del testículo se deja sin obstruir con el fin de facilitar la reversión en el caso de desear recuperar la fertilidad en el futuro. Se cierra la herida con un único punto de material reabsorbible (no necesita ser extraído). La duración de la cirugía es de aproximadamente 20 minutos.

Aspectos posteriores a la vasectomía

La vasectomía generalmente no presenta problemas, permitiendo la actividad normal a las pocas horas de la cirugía. La complicación más frecuente es, como toda cirugía del escroto, el hematoma (morado).

Es recomendable llevar unos suspensorios y mantener abstinencia sexual durante una semana.

Es imprescindible realizar un análisis de semen a las 20 eyaculaciones o a los 2 meses de la cirugía con el fin de comprobar la ausencia de espermatozoides. Hasta este momento deben seguirse medidas de contracepción.

Después de la vasectomía todo sigue siendo normal, incluso la cantidad de semen, aunque este tiene menor espesor (lo dan los espermatozoides).

A pesar de que es muy difícil, en menos del 1% de los casos se puede repermeabilizar el conducto deferente.

 

Preguntas frecuentes

¿Cuáles son los aspectos fundamentales de la vasectomía?

La vasectomía consiste en la sección de los conductos deferentes

El punto más fundamental cuando uno desea practicarse una vasectomía es tener el convencimiento absoluto de no desear tener más hijos. No obstante, el cirujano que la practica, debe aplicar una técnica que favorezca la posibilidad de volver a unir el conducto deferente con las mayores posibilidades de éxito en caso de ser necesario.

Aproximadamente, un 5% de los hombres que se someten a una vasectomía van a desear recuperar la fertilidad en el futuro. El motivo más frecuente es la separación y la formación de una nueva pareja con una mujer más joven que no ha tenido hijos. También es posible el deseo de tener otro hijo en el seno de la misma pareja o una situación dramática como es la muerte de hijos.

La vasectomía se realiza con anestesia local. Con una aguja muy fina se infiltran los tejidos a la altura de la raíz del escroto (bolsa de los testículos). A través de una mínima apertura se exterioriza el conducto deferente y se secciona. La luz del segmento de deferente que se dirige hacia la uretra se ocluye, generalmente con electrocoagulación. La luz del segmento que procede del testículo se deja libre, es decir no se ocluye. Y aquí esta el aspecto fundamental que permitirá un mayor éxito en el momento de tener que unir de nuevo el conducto deferente (vasovasostomía) ). Si se ocluye totalmente esta luz, con el tiempo los espermatozoides y una pequeña cantidad de fluido que se produce en el testículo irán dilatando el tubo epididimario, que se halla a continuación del testículo y antes del conducto deferente.

Este tubo tiene un diámetro de 300 micras y una longitud de 5-7 metros enrollado en unos 6 centímetros. Si se va dilatando puede llegar a romperse, con lo que ocasiona una nueva obstrucción, lo que empeora el pronóstico de la vasovasostomía. Este efecto se evita cuando no se cierra la luz.

El procedimiento se realiza en ambos lados a través de una única aperura en la piel, que posteriormente se cierra con uno ó dos puntos que caen solos a los 20-30 días.

La vasectomía es un procedimiento muy sencillo que no suele tener complicaciones, siendo el método contraceptivo más seguro que existe en la actualidad.

Después de la vasectomía, debe seguir utilizándose algún sistema contraceptivo hasta que se comprueba la ausencia de espermatozoides aproximadamente a las 20 eyaculaciones a través de un análisis de semen (seminograma). Esta precaución es necesaria, dado que tiene que atenderse un determinado tiempo para que acaben de salir los espermatozoides acumulados por debajo del nivel donde se practica la vasectomía. No seguir estas indicaciones es lo que ha dado lugar a algún embarazo no deseado.

Hay hombres que se plantean congelar semen antes de realizarse una vasectomía con el fin de poderlos utilizar en técnicas de fertilización in vitro en el futuro en caso de desear tener más hijos. Esto es posible, pero indican que uno no esta muy convencido de querer realizarse una vasectomía.

Patologías del testículo y epidídimo

Dolor testicular crónico

Como consecuencia de cualquier proceso acontecido al testículo o al epidídimo puede presentarse dolor en la zona escrotal, irradiado o no hacia la ingle que en ocasiones es muy difícil de resolver por el importante componente psicológico que se acaba estableciendo.

En estos casos se deben investigar posibles alteraciones que expliquen el dolor, como inflamaciones, infecciones, formaciones, etc..

El tratamiento debe estar enfocado a resolver el problema que origina el dolor, por lo que pueden estar indicados los antiinflamatorios, los antibióticos, etc. En casos severos pueden administrarse analgésicos e incluso antidepresivos.

De manera muy infrecuente puede realizarse una cirugía para seccionar determinados nervios del testículo (denervación testicular) o incluso extirpar el epidídimo y / o el testículo. No obstante, en ocasiones persiste el dolor después de realizar estos tratamientos.


Varicocele

Se trata de la dilatación de las venas que salen fundamentalmente del testículo izquierdo, debido a la ausencia o a un fallo de las válvulas (compuertas) que evitan que una vez sale la sangre del testículo en dirección ascendente por la vena espermática que desemboca a nivel de la vena del riñón, aquella no vuelva a bajar hacia el testículo.

Cuando esto sucede produce una dilatación de todo el plexo de venas testiculares pudiendo dar lugar, entre otras, a un aumento de la temperatura del testículo, a una falta de oxigenación de la glándula y a procesos obstructivos por compresión del inicio de la vía seminal. Además, elementos de deshecho procedentes del riñón o de la glándula suprarrenal pueden alcanzar el testículo y actuar como tóxicos. Estos efectos son los que condicionan el descenso de la producción y/o calidad de los espermatozoides.

El varicocele se puede detectar durante la exploración física del testículo o mediante un estudio Doppler donde se evidencia el reflujo de retorno de sangre hacia el testículo.

El tratamiento consiste en ligar las venas del testículo a nivel de la ingle (varicocelectomía) bajo anestesia local y de forma ambulatoria.

 

Quistes de testículo y epidídimo

Es muy frecuente que se produzcan formaciones quísticas (llenas de líquido) de diferente tamaño en el testículo y principalmente en el epidídimo.

El diagnóstico se realiza mediante la exploración física y la proyección de luz por detrás del testículo. Si se observa la luz en la parte anterior del testículo (transiluminación positiva) es indicativo de la presencia de quistes.

En ocasiones puede estar indicada la práctica de una ecografía escrotal.

Generalmente estos quistes no dan molestias y no suelen ser muy grandes.

En caso de ser preciso, puede realizarse una pequeña cirugía para extirparlos.

 

Hidrocele

El testículo se halla aumentado de tamaño debido al aumento en la producción de líquido que se halla entre determinadas capas que rodean al testículo y que normalmente sirve para favorecer un adecuado deslizamiento del testículo.

El diagnóstico se realiza mediante la exploración física y la proyección de luz por detrás del testículo. Si se observa la luz en la parte anterior de testículo (transiluminación positiva) es indicativo de la presencia de líquido.

En ocasiones puede estar indicada la práctica de una ecografía escrotal.

El tratamiento es quirúrgico y se basa en evertir las capas que rodean el testículo con el fin de que no se vuelva a producir líquido.

 

Inflamaciones del testículo y del epidídimo

El testículo y el epidídimo, que es el primer segmento por el que se desplazan los espermatozoides hacia la uretra, pueden presentar inflamaciones debidas a infecciones por gérmenes generalmente procedentes de la uretra o la próstata o sufrir traumatismos. Estas inflamaciones pueden pasar desapercibidas por el paciente o pueden dar

lugar a un aumento evidente del testículo y / o del epidídimo (en la fase aguda a veces es difícil de diferenciar), así como dolor. En ocasiones estas inflamaciones pueden estar acompañadas por fiebre y síntomas urinarios.

El diagnóstico se hace a partir de la historia clínica y la exploración física.

Puede estar indicada la práctica de una ecografía del escroto y / o de la próstata, así como un cultivo de la orina y del semen.

El tratamiento se basa fundamentalmente en la administración de antibióticos si hay gérmenes presentes y antiinflamatorios.

Sangre en el semen (Hemospermia)

Se denomina hemospermia a la presencia de sangre en el semen, ya sea de forma microscópica (no se ve a simple vista) o macroscópica. El semen puede presentar una coloración rojiza o negruzca. La hemospermia es debida al sangrado a cualquier nivel de la vía seminal o de las glándulas adjuntas a la misma (vesículas seminales, próstata). El origen más frecuente son las enfermedades inflamatorias o tumorales de la próstata.

El diagnóstico se basa en realizar análisis de sangre, orina y semen, así como una ecografía de la próstata y otros posibles estudios de imagen. No obstante, en muchas ocasiones no se halla ninguna alteración y el proceso debe clasificarse como benigno y asociado a una congestión de los vasos sanguíneos de la próstata.

El tratamiento se realiza de acuerdo a los hallazgos diagnósticos (antibióticos, antiinflamatorios, anticongestivos prostáticos, etc.).

Enfermedades de transmisión sexual

También se denominan infecciones de transmisión sexual (ITS) y son las siguientes:

  • Amibiasis
  • Campilobacteriosis
  • Candidiasis
  • Chancroide
  • Clamidia
  • Condyloma Acuminata (verrugas genitales)
  • Criptosporidiosis
  • Citomegalovirus
  • Donovanosis
  • Enfermedad del VIH
  • Escabiasis
  • Infecciones Entéricas
  • Gardnerella vaginalis (también Haemophilus)
  • Giardiasis
  • Gonorrea
  • Granuloma Inguinal
  • Hepatitis
  • Herpes genital
  • Infección por hongos
  • Meningococcemia
  • Micoplasmas genitales
  • Molusco contagioso (Molluscipoxvirus Molluscum Contagiosum)
  • Piojos púbicos (Pediculosis pubis) (Ladillas)
  • Listeriosis
  • Salmonella
  • Sarna
  • Shigelosis
  • Sífilis

Las ETS se pueden manifestar como secreciones que aparecen por la uretra, no relacionadas con la orina, o por lesiones que se localizan generalmente en el glande, en el prepucio (piel del pene) o en otras áreas (periné, ano, piel del testículo). El diagnóstico se basa en los antecedentes sexuales del paciente, en la exploración física de las lesiones o en el estudio de las secreciones. El tratamiento depende de los agentes infecciosos detectados, siendo aconsejables una serie de medidas en la actividad sexual. Se hace una breve referencia a las ETS más frecuentes:

  • Gonococia.
  • Uretritis no gonococica.
  • Virus del papiloma humano (VPH)
  • Herpes genital.
  • Sindrome de inmunodeficiencia adquirida (SIDA)

 

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Gonococia

Otras denominacionesgonorrea, blenorragia.

Microorganismo responsable: Neisseira gonorrhoeae (gonococo) (bacteria). Pueden co-existir con otros microorganismos característicos de otras enfermedades de transmisión sexual.

Vía de contagio: genital, anal, oral. Posibilidades de contagio: 20% en el hombre con contacto sexual con mujer infectada y 30-50% en mujer con hombre infectado.

Periodo de incubación: 2-5 días. Las manifestaciones clínicas pueden aparecer hasta las 2 semanas del contagio.

Síntomas: secreción de líquido blanquecino o amarillento, claro o espeso, por el meato uretral. Dolor o quemazón al orinar. Urgencia para orinar o aumento de la frecuencia miccional. Enrojecimiento y escozor de la zona que rodea al meato urinario. Inflamación de los testículos. Si la infección es anal puede existir proctitis (inflamación del recto) y faringitis (molestias de garganta) cuando es bucal. También es posible que no haya síntomas.

Prevención: abstinencia sexual. Práctica monogámica con persona no infectada. Utilización de preservativo durante toda la actividad sexual con personas sospechosas de poder estar infectadas.

Diagnóstico: Exploración física y cultivo de la secreción uretral. Dependiendo de la práctica sexual, también se puede obtener material para cultivo del ano o de la garganta. El resultado se obtiene en un plazo de 72 horas.

Tratamiento: Debe tratarse a la persona afectada y a las que hayan podido tener relaciones sexuales con ella con antibióticos, generalmente en una única administración.

 

Uretritis no Gonocócica

Existen otros microorganismos diferentes al gonococo que pueden dar una sintomatología parecida a la descrita en la gonococia. Los más frecuentes son la Chlamidya Trachomatis (40% de los casos) y el Ureaplasma Urealyticum (10% de los casos) que se diagnostican mediante el cultivo de la secreción o por serología (análisis de sangre). El periodo de incubación puede ser de 2 a 3 semanas y en muchas ocasiones no dan lugar a ningún síntoma.

El tratamiento se realiza con antibióticos (según el microorganismo causante) o con metronidazol en el caso de las tricomonas.

 

Virus del Papiloma Humano (VPH)

Otras denominacionescondiloma, condiloma acuminata, verrugas del pene, verrugas venéreas.

Microorganismo responsable: Virus del papiloma humano (VPH). Se pueden asociar a otros virus como el del herpes. Afecta a la piel o membranas mucosas generalmente de los genitales y del ano, dando lugar a formaciones verrugosas blandas.

Vía de contagio: genital, anal, oral.

Periodo de incubación: Alrededor de 3 meses.

Síntomas: Presencia de verrugas, generalmente en forma de coliflor de diferentes tamaños, asociadas o no en racimos a nivel de los genitales, de la uretra, del escroto, del ano o zona alrededor del mismo. También pueden presentarse úlceras. Picor en el pene, escroto o ano. A veces no presentan ningún síntoma.

Prevención: abstinencia sexual. Práctica monogámica con persona no infectada. Utilización de preservativo durante toda la actividad sexual con personas sospechosas de poder estar infectadas.

Diagnóstico: Exploración física. La impregnación con ácido acético de las zonas sospechosas cuando no hay lesiones evidentes, permite evidenciar zonas blanquecinas que corresponden a lesiones que todavía no se han desarrollado.

Tratamiento: Debe tratarse a la persona afectada y a las que hayan podido tener relaciones sexuales con ella con fármacos que se aplican de forma tópica. En ocasiones puede estar indicada una pequeña cirugía para extirpar o quemar las lesiones.

 

Herpes genital

Microorganismo responsable: Herpes simple (HSV) tipo 1 y 2 (el más frecuente).

Vía de contagio: genital, anal, oral. Posibilidades de contagio: Es más frecuente la transmisión de hombre a mujer que al revés. El HSV-1 y el HSV-2 pueden encontrarse en las úlceras causadas por los virus y ser liberados por las mismas, pero entre brote y brote los virus también pueden ser liberados por la piel que no parece afectada o que no tiene úlceras. Por lo general, una persona solo puede infectarse con el HSV-2 durante el contacto sexual con alguien que tiene una infección por HSV-2 genital. La transmisión puede darse a partir de una pareja sexual infectada que no tiene una úlcera visible y que no sepa que está infectada. El herpes puede contribuir a la propagación del VIH, el virus que causa el SIDA. El herpes puede hacer que las personas se vuelvan más susceptibles a la infección por VIH y puede hacer que las personas infectadas por el VIH sean más infecciosas.

Periodo de incubación: 2 semanas.

Síntomas: lesiones en forma de ampolla o ampollas en los genitales o el recto o alrededor de los mismos. Las ampollas se rompen y dejan úlceras dolorosas (llagas) que pueden tardar de dos a cuatro semanas en curarse la primera vez que se presentan. Típicamente, puede presentarse otro brote semanas o meses después del primero, pero casi siempre es menos intenso y de más corta duración. A pesar de que la infección puede permanecer en forma indefinida en el organismo, la cantidad de brotes tiende a disminuir a medida que pasan los años. Puede haber síntomas sistémicos como fiebre, malestar, dolor generalizado (mialgia), pérdida de apetito. No obstante, en la mayoría de ocasiones no se presentan signos ni síntomas clínicos.

Prevención: abstinencia sexual. Práctica monogámica con persona no infectada. Utilización de preservativo durante toda la actividad sexual con personas sospechosas de poder estar infectadas. No obstante, debido a que es posible que el condón no pueda cubrir todas las áreas infectadas, ni siquiera el uso correcto y habitual de los condones de látex puede garantizar la protección contra el herpes genital.

Diagnóstico: Exploración física. Estudio de laboratorio de muestras procedentes de las úlceras. Serología sanguínea.

Tratamiento: Debe tratarse a la persona afectada y a las que hayan podido tener relaciones sexuales con ella. No existe un tratamiento que pueda curar el herpes, pero los medicamentos antivirales pueden acortar y prevenir los brotes durante el tiempo que la persona tome los medicamentos. Adicionalmente, la terapia supresiva diaria contra el herpes sintomático puede reducir la posibilidad de transmisión a las parejas sexuales de las personas infectadas.

 

Sindrome de Inmunodeficiencia adquirida (SIDA)

Microorganismo responsable: Virus de la inmunodeficiencia humana (VIH).

Vía de contagio: a través de sangre, esperma, secreciones del tracto genital y leche materna. transmisión sexual vaginal, anal y oral. A través de la sangre por transfusiones y agujas infectadas. Al feto a través de la leche en el acto de amamantar. Inseminación artificial. Transplante de riñón.

Periodo de incubación: Los anticuerpos pueden detectarse en sangre en un tiempo medio de 3 meses, aunque pueden aparecer incluso a los 6 meses.

Síntomas: El SIDA va precedido por la infección por VIH. Puede no dar sintomatología hasta pasados 10 años (personas seropositivas que pueden transmitir la enfermedad). Los síntomas y signos son derivados de la inmunodeficiencia (falta de defensa contra las infecciones), pudiendo ser ocasionados por bacterias, hongos y virus, dando lugar a una gran cantidad de enfermedades.

Prevención: abstinencia sexual. Práctica monogámica con persona no infectada. Utilización de preservativo durante toda la actividad sexual con personas sospechosas de poder estar infectadas (un condón para cada acto sexual, evitando la utilización de lubricantes como cremas o vaselina). Evitar compartir agujas o jeringuillas. Evitar el contacto de la sangre con posibles heridas.

Diagnóstico: Análisis de sangre (prueba de anticuerpos de VIH ELISA, contaje de linfocitos CD4, PCR para VIH).

Tratamiento: Inhibidores de la Transcriptasa Inversa Viral + Inhibidores de la Proteasa Viral. Tratamiento de las complicaciones.

Prostatitis

Se denomina prostatitis a la Inflamación de la próstata.

La próstata puede sufrir procesos inflamatorios o congestivos diferentes al crecimiento benigno (hiperplasia benigna de la próstata) o a la transformación maligna de la glándula (cáncer de próstata). La prostatitis se presenta generalmente en hombres jóvenes y su sintomatología puede ser muy variada, desde alteraciones de la micción (polaquiuria o micción frecuente, pérdida de fuerza del chorro, escozor, etc.) a molestias durante la eyaculación o dolores referidos en el periné, en el pene, en los testículos o en la región inferior al abdomen (hipogastrio). Cuando la prostatitis es crónica puede constituir un problema que afecte a la salud psíquica de quien la sufre, alterando en diferentes grados su calidad de vida.

 

Las prostatitis se clasifican de la siguiente manera:

  1. Prostatitis aguda Generalmente cursa con fiebre y es debida a la presencia de bacterias
  2. Prostatitis crónica bacteriana Cursa con síntomas muy variados, de larga evolución y se hallan bacterias en el estudio de la orina y de la secreción prostática

III. Prostatitis crónica no bacteriana No se hallan gérmenes en la orina ni en la secreción prostática

III.a se acompaña de síndrome doloroso inflamatorio pélvico crónico. Se hallan células inflamatorias (leucocitos) en la orina o secreción prostática

III.b se acompaña de síndrome doloroso no inflamatorio pélvico crónico. No se hallan células inflamatorias

IV Prostatitis asintomática No se hallan bacterias ni células inflamatorias en orina o secreción prostática. Tampoco presentan ninguna sintomatología, constituyendo un hallazgo casual en el estudio del tejido prostático obtenido generalmente para descartar la presencia de patología maligna de la próstata

 

La prostatitis aguda bacteriana se trata fácilmente con antibióticos y antiinflamatorios, resolviéndose de forma satisfactoria en la mayoría de casos. No sucede lo mismo cuando es bacteriana crónica, ya que pueden hallarse resistencia a los tratamientos o pueden reaparecer en periodos cortos de tiempo. En estos casos el tratamiento debe ser largo. La peor pesadilla para el que la padece y para el facultativo que tiene que tratarla es la prostatitis no bacteriana. En este caso se han ensayado una gran cantidad de fármacos (relajantes musculares, antidepresivos, analgésicos, etc.) y otros tratamientos (terapia neuromuscular, termoterapia, TUNA, etc.) con resultados a veces muy desalentadores. En ocasiones pueden realizarse tratamientos con antiinflamatorios y con los mismos fármacos que se utilizan para tratar los síntomas del crecimiento benigno de la próstata.

Ante estas patologías prostáticas es aconsejable evitar la retención urinaria (micción regular), no permanecer sentado durante mucho tiempo, fundamentalmente si se está conduciendo, evitar alcohol y comidas grasas o picantes y eyacular de forma regular para vaciar las secreciones de la glándula prostática.

Así pues, ante una prostatitis debe realizarse una adecuada historia clínica y la exploración de la próstata mediante el tacto rectal. El sedimento y cultivo de la orina antes y después de realizar la expresión digital de la glándula a través del recto, así como de la secreción prostática permitirá detectar la presencia de gérmenes y células inflamatorias. También puede realizarse un cultivo de semen, ya que parte de él esta constituido por la secreción de la próstata. También estará indicada la práctica de una ecografía de la próstata, preferentemente transrectal, para poder detectar anomalías de la misma.